¡Ay Dios, como es el veranu! Tul añu esperando que venga el calor porque estamos jartos del friu y de traer el mocu tul añu pegau a las narices, y cuando por fin llega el mes d’Agostu, resulta que nos agobiamos porque se enl
lena esto de los “necesarios veraniantes” y nos alteran.
Pero tienen qu’entendenos, que no es que vos tengamos rabia ni nada d’eso, nada más lejos, préstanos munchu ver estos aburridos pueblos llenos de xente, lo que pasa, es que estamos diez meses aquí unos cara pa otros, que no nos molesta ni el ruidu de las moscas y de repente, un día no nos podemos ni mover del jaleo que hay. Entós, eso, nos rompe los esquemas, porque paece que no nos acordamos de un añu pa otru como é la movida, paez que siempre nos pesca de nuevos aquí y sin embargu estamos jartos de ver como es esto en veranu, vaya, de toa la vida. Y siempre, cada añu nos sorprendemos a nosotros mismos jaciéndonos la pregunta de siempre:
—¿No podrían venir más repartidos?
Y no, ya sabemos que non podés venir más repartidos, que las vacaciones de veranu, son… en veranu, y no hay más.
Con los años vas aprendiendo cosas y procuras por ejemplu non bajar a Posada los viernes, non dir a Llanes los martes, dir a comprar enas horas que ellos están enas playas… en fin, lo que sea con tal de no tropezar munchu con ellos, porque lo que ti puede llevar jacer media hora pel inviernu, en esti mes se convierte en hora y media o dos horas, porque echas casi tou el tiempu en colas, si, en colas.